Todas las actividades humanas utilizan agua: para beber, cocinar, lavar, pero sobre todo, para la producción de papel, ropa o alimentos. La cantidad de este líquido que hace falta para que crezca un cereal, fabricar un zapato o alimentar a una vaca es lo que se conoce como huella hídrica de los productos. La de la comida se lleva el 70% del agua que se gasta a nivel mundial, la industria el 22% y el consumo humano el 8%, como revela el Programa de Evaluación Mundial del Agua de la UNESCO.
Por eso, el Día Mundial del Agua que se conmemora en estas fechas pone el foco en la racionalización de la producción y consumo de alimentos –en la que se utiliza la mayor parte del agua- como fórmula para ahorrar un recurso cada vez más escaso –la ONU prevé sequías más frecuentes e inundaciones que pueden destruir cultivos - para una población creciente –se estima que en 2050 haya 2.000 millones de personas más en el mundo-. Seguir leyendo
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