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Wallace Smith Broecker y sus estudios sobre el cambio Climático |
Este es el panorama: las reservas de combustibles fósiles se han multiplicado y la combustión de hidrocarburos se incrementa cada año, lo que provoca que el contenido de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera se dispare cada vez más deprisa: actualmente es un 40% más alto que cuando empezó la Revolución Industrial. Mientras, las energías renovables mantienen su ritmo pero no logran ganar terreno. Hace 50 años suministraban el 15% de la energía, el mismo porcentaje que en la actualidad.
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Imagen de la refinería de Isla, en Willemstad, en la isla de Curaçao, en 2008. JORGE SILVA (REUTERS) |
Los optimistas auguran que esta situación no tardará en cambiar. Confían en que las energías solar y eólica empezarán a sustituir rápidamente al carbón, el petróleo y el gas natural. Puede ser. Pero, ¿y si se equivocan? En ese caso hay tres opciones.
- La primera, que podamos vivir en un mundo cada vez más caliente, con el cúmulo de cambios que eso conllevará.
- La segunda, que logremos desarrollar los medios para eliminar CO2 de la atmósfera.
- Por último, que consigamos añadir dióxido de azufre (CO2) a la estratosfera para intentar que una parte de la radiación solar rebote, y así contrarrestar el calentamiento provocado por el CO2.
Todo parece indicar que la primera y la tercera opción son inadmisiblemente peligrosas. Saber más
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